Los discos del 2011

Hola de nuevo.

Hacía mucho tiempo que no he escrito. Para actualizar un poco, aunque con mucho retraso, pondré la lista de mis discos favoritos del año. Los 20 preferidos :)

The Horrors: Skying
Tropics: Parodia Flare
Balam Acab: Wander/Wonder
Onoehtrix Point Never : Replica
Nicolás Jaar: Space is Only Noise
Frank Ocean: Nostalgia,Ultra
Yuck: Yuck
Atlas Sound:Parallax
St.Vincent:Strange Mercy
Wild Flag:Wild Flag
Iceage: New Brigade
SBTRKT: SBTRKT
Panda Bear:Tomboy
Kate Bush:50 Words for Snow
Odonis Odonis: Hollandaze

Volveré pronto :)

IDH en Chile

Recientemente salió publicada la edición 2011 del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas. Este indicador busca superar al cuestionable Ingreso per Cápita como medida de desarrollo de los países, ponderando además el progreso en salud y educación de cada una de las naciones. La idea detrás consiste en medir, no sólo la riqueza de un país, sino también las capacidades de sus ciudadanos de poder llevar adelante la vida que puedan elegir con esa riqueza.
En el caso chileno, históricamente hemos tenido un desempeño más que aceptable. En esta edición obtuvimos un puntaje de 0,804 –en una escala de 0 a 1-, posicionándonos como el país más desarrollado de Latinoamérica e ingresando a la categoría de países con muy alto desarrollo humano, es decir, países dentro del 25% de países más avanzados del mundo. ¿Podemos cantar victoria? Lamentablemente aún no.

Fuente
: Índice de Desarrollo Humano 2011, PNUD
Como señalamos anteriormente, el IDH es un índice compuesto, en partes iguales, por salud (esperanza de vida), educación (escolaridad) y riqueza (ingreso per capita). Chile destaca principalmente por su alta esperanza de vida (79 años), que pese a ubicarse en el lugar 36 a nivel mundial, tiene diferencias muy marginales con el conjunto de países desarrollados, lo que le entrega un índice de 0,932. Este es el único sub indicador que supera nuestro IDH promedio.
En el caso de educación, se mide la escolaridad promedio de la población, que en el caso chileno ha tenido un progresivo aumento durante los últimos años, lo que nos entrega un índice de 0,797 y nos posiciona en la ubicación 44 a nivel mundial. Nada mal, aunque las protestas estudiantiles de los últimos seis meses nos han enrostrado que no sólo importa la cantidad de gente estudiando ni los años que se estudian, sino la calidad de esa enseñanza. En este aspecto, nuestros más que cuestionables puntajes en la prueba PISA ya nos deberían hacer dudar sobre lo orgullosos que deberíamos estar de nuestro puntaje IDH en educación.
En materia de ingresos el tema está bien claro: como país de US$15.000 per capita (PPP) ciertamente nos caemos bastante en la escala mundial, liderada por países de la OECD que triplican o cuadruplican nuestro ingreso.

Fuente
: Índice de Desarrollo Humano ajustado por Desigualdad 2011, PNUD
Sin embargo, donde aún nos choca más la periódica publicación de PNUD es en el Índice de Desarrollo Humano ajustado por Desigualdad (IHDI). En esta medida, nuestro IDH promedio cae a 0,652 (Índice de Desarrollo Humano Medio), y nuestros puntajes en Educación e  Ingreso se ven drásticamente reducidos por nuestros niveles de desigualdad. Aunque es un fenómeno que ocurre en todos los países (en todos hay, en menor o mayor medida, desigualdad), Chile es particularmente afectado por sus altísimos niveles de desigualdad, cayendo 11 lugares en el  Ranking de Naciones Unidas y perdiendo su categoría entre los países de “muy alto desarrollo humano”; de hecho, pasamos a ser superados por países de menor ingreso pero mayor equidad como Uruguay, Rumania, Montenegro o Ucrania.
¿Significa esto que hemos fallado como país? Por supuesto que no. En los últimos 30 años Chile ha tenido una notable mejora en todos sus indicadores. En 1980 nuestro IDH (ni siquiera ajustado por desigualdad) era de 0,630; la esperanza de vida ha subido en varios años, la escolaridad y la cobertura de todo el sistema educativo se han ampliado y nuestros ingresos, aunque de manera desigual, también han crecido. Tanto nuestro sistema de salud como de educación necesitan cambios importantes para poder atender los desafíos de un país que se encamina al desarrollo, con una población que comienza a exigir más que sólo lo básico. No obstante, en esta búsqueda por reformas que mejoren nuestra calidad de  vida, no debemos olvidar el camino recorrido ni los éxitos alcanzados. Las reformas que vengan durante los próximos años deberán enfocarse a mejorar lo ya realizado, no a reemplazar en su totalidad un sistema que, pese a todas sus imperfecciones, ha logrado mejorar el desarrollo humano de nuestro país.

Lucro y demás webadas

En esta conversación, Eyzaguirre le endilga a Figueroa el éxito del modelo sueco, con lucro incluido. Los puntos que señala en su interpelación son los siguientes:
  1.  El lucro no mejora, ni empeora la calidad de la educación (no terciaria, en Chile)
  2.     Existen buenos y malos establecimientos escolares con fines de lucro (no terciaria, en Chile)
  3.    Existen buenos y malos establecimientos escolares sin fines de lucro (no terciaria, en Chile)
  4.     Que Suecia es un país muy igualitario (aunque esto es un adorno, pues Suecia era igualitario antes del sistema de Voucher’s), que los colegios con fines de lucro suecos, tienen un mejor rendimiento que los colegios municipales (tomando en cuenta el nivel socioeconómico) y de que la existencia de los colegios con fines de lucro, ha fomentado la competencia, haciendo subir el nivel general del sistema educativo.
  5.       No hay evidencia que terminar con el lucro vaya a mejorar la calidad de la educación

Figueroa responde:
  1.  Sus reparos contra el lucro son más prácticos que ideológicos (aunque los ideológicos son, para mí, inconmensurablemente malos)
  2. El lucro fracasó como un incentivo a la calidad en Chile (está comprobado)
  3.  Harald Beyer dijo que no habían buenas Ues con fines lucro
  4.  Dado que Chile es un país más desigual que Suecia, no corresponde compararlos de ese modo
  5. Que los colegios sin fines de lucro tienen mejores resultados que los con fines de lucro (con excepciones)
  6.  El ansia de ganancia desdibuja los objetivos de las instituciones educativas, por lo que es un incentivo perverso
  7.  Erradicar el lucro, significa que el Estado va a asegurar una educación de calidad


Vamos a lo importante: el lucro. Figueroa esquiva el tema sueco, diciendo básicamente,  que no se puede comparar Chile con Suecia, porque Chile es muy desigual y Suecia no, por lo que descarta la comparación (al menos eso indico implícitamente, porque no dijo nada más al respecto). Para comenzar, es bastante obvio que políticamente hablando, el argumento es malo (de burros, en serio): Todas las críticas levantadas desde el mismo movimiento, parten desde las comparaciones internacionales con países mucho más ricos, desarrollados e igualitarios que Chile. Y en tales casos, han considerado que sus comparaciones son legítimas, pero resulta que ahora no.

Bueno, en realidad, esto solo apunta a su inconsistencia, pero sí: No es llegar y comparar países, en lo fundamental, distintos.

Por otro lado, esto no significa que la comparabilidad sea un ejercicio inútil. Muy por el contrario. Creo que está de más recordar que las categorías “igual-desigual” “bueno-malo”, al menos en el plano educativo, por lo general, son categorías relativas: somos desiguales en función de un contexto. En este caso, en el contexto de la OCDE, que es la que hace las mediciones a nivel internacional, con sus países miembros. Las comparaciones son importantes, cuando se fijan metas de desarrollo. ¿A quién queremos alcanzar? ¿Por qué? ¿Qué podríamos hacer? ¿Cómo adaptar tal lógica o reforma, al contexto nacional? Etc.

“El lucro” no es un “sistema de incentivo único”. Decir que “el lucro” fracaso, como si fuese un sistema de incentivos monolítico e inflexible, que trae necesariamente un solo tipo de consecuencias, es tan manipulador como decir que el sistema público fracaso. Sabemos que existen sistemas públicos exitosos, y que en Chile el sistema público, no es particularmente exitoso. Ante esto, se dan las razones y se proponen reformas: “¡Es que les faltaba financiamiento! ¡Es que los profes no estaban bien preparados! ¡Es que hay muchos alumnos en las salas! ¡Es que los incentivos estaban mal puestos!”

Y de eso se trata: de incentivos y restricciones. Los sistemas públicos exitosos, probablemente tienen un diseño muy distinto al sistema público chileno (aunque no necesariamente: lo que les útil a Francia, no necesariamente lo es para Chile, pero en líneas generales, copiarles a los que lo hacen bien, con las modificaciones pertinentes, funciona) Y así mismo, el sistema de Voucher’s (con lucro) sueco, tiene un diseño MUY diferente al sistema de Vouche’s chileno. Y en mi opinión al menos, es más que razonable pensar que las diferencias de diseño entre un sistema de Voucher’s y otro, son factores clave que pueden hacer uno sistema exitoso, mientras que al otro un puñetero fracaso. En el caso chileno al menos, tenemos evidencia de que esto es así (a los que quieran que me ponga a citar bibliografía, me avisan y les pongo una lista, pero como se han repetido una y otra vez por prensa estas cosas, no me detengo a realizar la aburridísima labor aquella).



  1.  En primer lugar, el copago: Las familias Chilenas, tienen que pagar un monto a parte de la subvención estatal, por lo que al final el sistema termina segregando por capacidad de pago. En Suecia esto está prohibido, por lo que no genera este tipo de segregación.
  2. En segundo lugar, la selección: En el sistema sueco, está prohibida la selección en básica (de todo tipo), por lo que los colegios no pueden distorsionar sus resultados, escogiendo buenos alumnos, o alumnos de un nivel socioeconómico más alto, inflando sus puntajes en pruebas estandarizadas.
  3.  En tercer lugar, la municipalización: Aquí sí que el factor “estratificación social” o desigualdad, importa. En Suecia el sistema está municipalizado, pero como la responsabilidad en cuanto al financiamiento está en el Estado, y el de la gestión en los colegios, más que en las municipalidades, la municipalización podrá ser funcional para Suecia, pero no para Chile. En Chile, debido a que las municipalidades cuentan con recursos dispares, y están vinculadas al voluntarismo político, la cantidad de atención y recursos que las municipalidades puedan poner en la gestión, es sumamente dispar.
  4. En cuarto lugar, el control del acceso y funcionamiento: En Suecia, antes de entrar al sistema, se evalúa el proyecto educativo y su viabilidad, y después se establece un control con mediciones sobre su calidad. En Chile, básicamente cualquiera podía entrar, con colegios enanos e ineficientes en muchos casos, y recién ahora vamos a tener una superintendencia que regule esto (espero). 
Resumiendo: Que no, que no es llegar y comparar sistemas educativos, cuando para comenzar, estos son, en lo fundamental, DISTINTOS. El sistema de Voucher’s sueco, es MUY diferente al sistema de Vouche’s chileno, lo repito 1000 veces. Si el sistema de “lucramiento” en educación sueco, fuera el mismo sistema de “lucramiento” chileno, el argumento de Figueroa, de que no se pueden comparar porque Chile es desigual y Suecia no (o al menos, es menos desigual), tendría el peso que al parecer creen que tiene, pero no es el caso.


En el fondo, puedes diseñar sistemas en que el lucro, termine siendo un incentivo perverso como en Chile (aunque no queda del todo demostrado el “cómo” en palabras de Figueroa. No empíricamente al menos. Es más bien una deducción indirecta. Una inferencia que se basa en el hecho de que los colegios con fines de lucro, son levemente menos exitosos que los sin fines de lucro. Pero eso no explica mecanismos causales) Así como puedes diseñar sistemas en que los fines de lucro potencien la competencia por calidad y eficiencia como en Suecia, es decir, sistemas donde tanto los incentivos como las regulaciones: ESTÁN BIEN PUESTOS.

PD: A los dirigentes estudiantiles les hace falta asesoría “técnica” (comunicacional no, son tan buenos, que de hecho deberían dar: harían una pasta enorme aconsejando al gobierno.) Y si la tienen, deberían mejorarla, en mi opinión.

Descargos

 El escenario actual está muy crispado, algunos plantean que así se desenvuelven las democracias, otros muestran su preocupación de la inestabilidad social. Sinceramente creo que si bien existe una crisis, ésta no ha llegado a niveles alarmantes; nadie sensato sostiene que deban intervenir los malditos milicos o que una revolución comunista inundará la calles, de hecho, el petitorio estudiantil es de carácter legalista y es bien poco revolucionario a mi modo de ver, pero tienen opciones de obtener réditos si elaboran articuladamente sus petitorios y si no se dejan llevar por la fútil tentación del caudillismo, que tantas veces a roto ejemplares movimientos civiles.

Siempre septiembre ha tenido una carga simbólica muy fuerte, ya saben, todo aquello de las fiestas patrias, el golpe y otros golpes anteriores. La historia de Chile la han hecho los milicos, nos guste o no, su planificación es nuestro orden actual, su constitución, la educación, la salud, la previsión; ellos la avalaron, ante este orden casi digno de Sísifo, qué nos queda para nosotros, simples ciudadanos, existe realmente una opción, algún vislumbre, aunque sea mínimo para desarraigar esa profunda raíz militar en Chile, si es por convicción, obvio que sí. Me encantaría ver desarmados a esos conchesumadres que detentan todo el poder armamentístico, añoro ver caer ese poder para que nunca más tengan siquiera la oportunidad de pensar en joder todo otra vez. Si este país no avanza hacia algo realmente significativo es gracias a la siempre inoportuna acción del Ejército.


Lloriqueo

“En el plano de los medios de pensamiento de las poblaciones contemporáneas, la primera causa de decadencia se refiere claramente al hecho de que ningún discurso difundido por medio del espectáculo da opción a respuesta; y la lógica sólo se ha formado socialmente en el diálogo. Cuando se ha extendido el respeto hacia aquel que habla desde el espectáculo, a quien se atribuye importancia, riqueza, prestigio, la autoridad misma, se extiende también entre los espectadores el deseo de ser tan ilógicos como el espectáculo como medio de mostrar un reflejo individual de esa autoridad.(...)” (Guy Debord, Comentarios a la sociedad del espectáculo, 1988). 

El duelo nacional por los 21 muertos de la “tragedia aérea de Juan Fernández”. 

Toda tragedia es dolorosa, y no seremos nosotros los que mostremos indiferencia o indolencia ante la muerte. De hecho, el dato duro de que el funcionamiento normal de la economía-mundo capitalista causa más de 30.000 muertes al día, en su mayoría de niños, es una de las razones más poderosas para oponerse a dicho sistema como tal. Por lo mismo no deja de llamar la atención el contraste entre ambas situaciones: cuando mataron a Manuel vimos el hecho en las noticias, donde se hablo muy poquito sobre quién era ese adolescente, para centrarse en el “drama” de la institución más respetada por los “chilenos” (es decir, proletarios sin conciencia de clase), y luego de la renuncia de Gordon la noticia quedó completamente eclipsada por los hechos de Juan Fernández. En el sistema burgués de las libertades y derechos proclamados formalmente como iguales para todos, algunas muertes pesan más que otras, y eso es lo que vemos estos días en las pantallas de televisión.

Una razón de fondo para la reacción de masas frente a los hechos del viernes 2 de septiembre radica en que dado que en la sociedad del capitalismo espectacular la gente sobrevive en torno al trabajo asalariado, se compensa dicha falta de vida auténtica contemplando imágenes de la vida vivida por famosos, faranduleros y atontadores profesionales de masas, y de ahí el carácter semidivino que seres por lo demás totalmente banales adquieren una vez que el rebaño se ha acostumbrado a contemplarlos como un elemento que agrega brillo y entretención en sus monótonas vidas cotidianas. Dado que este accidente de aviación golpeó justo en medio de la industria del atontamiento nacional, todos los medios masivos de desinformación hacen ahora una especie de cadena nacional por la beatificación de Camiroaga, Bruce et al.

Mención aparte merece el caso del “empresario ejemplar” Felipe Cubillos: hijo de un fascista feroz, amiguete cercano del Almirante Merino y su entorno de golpistas, y que luego ejerció como Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Pinochet; hermano de la exparlamentaria de la UDI Marcela Cubillos, actual pareja del Ministro de defensa Allamand: otro momio de larga y destacada trayectoria.

Los medios han difundido una carta reciente de Cubillos titulada “Soy un indignado” que debiera estudiarse seriamente en las escuelas de materialismo histórico como ejemplar insuperable de conciencia de clase burguesa. En ella se declara un “indignado”, pero no en contra del sistema capitalista que por más muerte y destrucción que siembre ha tratado tan bien a los suyos, sino que reclama contra el hecho de que mientras él y otros “buenos ciudadanos” se han dedicado a “levantar Chile” construyendo escuelas, miles de estudiantes se encuentren en riesgo de perder el año escolar a causa de las movilizaciones, y muchos de sus amigos empresarios (o “emprendedores” como él los llama) estén en riesgo de tener que cerrar su negocio escolar sui se sigue atacando el “lucro”. En este punto su instinto/conciencia de clase no falla: ¿cómo va a seguir lucrando su clase si los estudiantes se niegan a ser formados? ¿en qué va a quedar la economía nacional si uno de sus primeros eslabones interrumpe el circuito normal de socialización/encuadramiento/proletarización? ¡Dios nos libre…!

No es muy original, en cambio, en el reclamo ciudadano más sentido: la denuncia del vandalismo, de los ataques a la policía y la destrucción de comercios y propiedad pública y privada. Pero estas quejas resultan interesantes proviniendo del hijo legítimo de uno de los responsables directos del bombardeo a La Moneda, donde la destrucción fue harto más que “simbólica”, pero como era lo que convenía a los intereses de su clase en ese momento histórico, no hay problema. Por otra parte, sobre el “vandalismo” en las calles su cuñado Allamand tiene mucho que aportar, tal cual lo ha relatado en su libro “No virar izquierda”, publicado en 1974 y del cual algunos extractos han sido difundidos en los medios de contrainformación (ver “Violencia reaccionaria en las calles de Santiago”, http://hommodolars.org/web/spip.php?article3250).

El problema de los ilegalismos cometidos por su propia clase es resuelto en este documento con un mecanismo curioso: Cubillos los llama “seudoempresarios” (“que engañan a la gente, sobre todo a los más pobres, renegociándoles sus condiciones sin ni siquiera preguntarles”). O sea que hay una profunda distinción entre los empresarios buenos (“emprendedores”, como él) y los malos (que en rigor no son empresarios, sino “seudoempresarios”).

Por último, en relación al asesinato de Manuel Gutiérrez por agentes de Estado, Cubillos se preocupa de cortar la responsabilidad en el nivel individual, y amenaza con que de ir más arriba deberíamos llegar hasta a los convocantes de las movilizaciones: “Soy un indignado, porque un joven inocente ha perdido su vida tan sólo por haber estado en el lugar y momento equivocados (mientras escribo esta columna nos acabamos de enterar de que la bala que mató al joven Manuel Gutiérrez salió del arma de un carabinero; ojalá tengamos la mesura para condenar un hecho puntual y no a una institución completa, pues si es así escalemos también hasta los organizadores de las protestas)”.

El país está a punto de canonizar a este sujeto, que tan bien representa la minoría que domina, y que ha sido exitosa en generar emulación, admiración y babosería en amplias masas de la población. Quien no se sume a esa campaña será tratado de resentido, antipatriota, vago, insensible, etc. Por mi parte, creo que la carta estaría mucho mejor titulada si en vez de “soy un indignado” se llamara “soy un momio culeado”, un fiel representante de su clase, que tiene la capacidad de ser menos del 3% de la población y generar pese a ello una admiración nacional gracias a la hegemonía que sabe ejercer y a la fiel ayuda del servilismo idiota de una cuota importante de los dominados. 

Los tiempos cambian pero el PC sigue siendo una mierda

Althusser sobre el nefasto rol del P"C" en el 68:

"...de mayo a junio de 1968, un buen número de obreros en muchas fábricas creían en la revolución efectiva, la esperaban, y sólo aguardaban para hacerla una consigna del Partido. Ya sabemos lo que pasó. El Partido, como siempre con muchos trenes de retraso y horrorizado por los movimientos de masas, arguyendo que estaban en manos de los izquierdosos (pero, ¿por culpa de quien?), hizo todo lo posible para impedir el encuentro, en los violentos combates de las tropas estudiantiles y el ardor de las masas obreras que llevaban a cabo entonces la más larga huelga de masas de la historia mundial, llegando incluso a organizar comitivas separadas. El Partido organizó en realidad la descomposición del movimiento de masas al forzar a la CGT (a la que, a decir verdad, no necesitaba violentar, dados sus lazos orgánicos) a sentarse a la mesa de la paz de negociaciones económicas y, como los obreros de la Renault no las aprobaron, reanudándola algún tiempo después, y rehusando también todo contacto con Méndes en Charléty, cuando el poder gaullista estaba prácticamente vacante, los ministros habían abandonado sus ministerios, y la burguesía huía de las grandes ciudades hacia el extranjero llevándose sus bienes. Un simple ejemplo: en Italia, los franceses no podían cambiar sus francos en liras, ya no se aceptaba el franco, ya no valía nada. Cuando el adversario sostiene que la partida está definitivamente perdida para él, Lenin lo ha repetido diez veces, cuando en lo alto ya nada marcha y debajo son las masas las que suben al asalto, no sólo la revolución está “a la orden del día”, sino que la situación es de hecho revolucionaria.
Por miedo a las masas, por miedo a perder el control (esta obsesión de primacía de la organización sobre los movimientos populares, que siempre está en el fondo), y sin duda también para alinearse (¡para esto no hay necesidad de consignas explícitas!) sobre los temores de la URSS que, en su estrategia mundial, prefería la seguridad conservadora de De Gaulle al imprevisto de un movimiento de masas revolucionario que podía (y no era utópico) servir de pretexto para una intervención política, incluso militar, de los USA, amenaza a la cual la URSS no se encontraba en condiciones de hacer frente, el Partido hizo cuanto pudo, y la experiencia demostró que su fuerza de organización y de encuadramiento político e ideológico no eran entonces una vana palabra, para romper el movimiento popular y canalizarlo hacia simples negociaciones económicas. “El momento actual es la ocasión” (Lenin), que “hay que agarrar por los pelos” (Maquiavelo, Lenin, Trotsky, Mao) y que sólo puede durar unas horas, que cuando pasaron, y con ellas la posibilidad de cambiar el curso de la historia en revolución, De Gaulle, que también él, y de qué forma, sabía que quería decir la política después de la puesta en escena de su desaparición, reapareció, dijo unas palabras graves y solemnes por la televisión, decretó la disolución del Congreso y convocó nuevas elecciones. Toda la burguesía y la pequeña burguesía y el campesinado conservadores o reaccionarios que había en Francia se recuperaron, ¡y Dios sabe por cuánto tiempo! Después del fantástico desfile de los Campos Elíseos. La suerte estaba echada y la muy larga y violenta lucha estudiantil y la huelga obrera que se siguió durante meses no hicieron más que sufrir poco a poco su propia derrota en una larga y dolorosa retirada. La burguesía se tomaba su cruel venganza. Quedaban los acuerdos de Grenelle (un salto sin precedentes en el orden “económico”) pero pagados a base de una derrota revolucionaria sin precedente desde los días de la Comuna. Decididamente, y ante todo a causa del instinto conservador del aparato del Partido ante la espontaneidad de las masas, el movimiento popular se saldaba con una derrota en campo abierto, esta vez (por primera vez n la historia de los movimientos populares en Francia) sin casi ningún derramamiento de sangre, un gran número de estudiantes golpeados pero no muertos (un estudiante ahogado en Flins, dos obreros muertos a tiros en Belfort y algunos más en otras partes); así pues por el solo efecto “pacífico” de la hegemonía capitalista e imperialista burguesa, su prodigioso aparato de Estado, su AIE mediático y la “figura” del padre de la Patria capaz de dominar cualquier eventualidad: la cara y la voz solemnes de De Gaulle hicieron su efecto de teatro político que tranquilizó a la burguesía. Pero cuando una revuelta se acaba con una derrota sin masacres obreras, se puede decir que no es obligatoriamente un buen indicio para la clase trabajadora, que no tiene que llorar ni celebrar a sus mártires. Los izquierdistas, que sabían lo que se hacían, supieron o creyeron poder “explotar” sus pocos muertos, como el desgraciado Overney. Recuerdo la frase que no cesé de esparcir a mi alrededor, el día mismo de las conmovedoras y prodigiosas exequias de aquel desgraciado militante de la Causa del Pueblo (dos millones de personas en su entierro bajo las banderas y el silencio, ausentes el Partido y la CGT): “Hoy no enterramos a Overney, sino a la izquierd
a”…

Ríase un rato


Hace poco estaba yo en el ascensor de mi departamento, simulando ser una persona como las demás y entablando conversación pueril con una vecina (trato de evitar que los convecinos me visualicen como el tipo rarito), cuando esa cháchara inane declinó hacia temas sin sentido. Hasta que mencioné algo relacionado con ciertas viscosidades y la vecina puso una cara de asco, sin reparar  que aquello era una broma,je. Luego le expliqué, pero ella quedó con una cara de espanto que haría mover el rictus de un moai.

Y entonces, la lacerante verdad de lo que había sucedido impactó en mi frente con la fuerza de cien menhires. Porque uno da por hecho la existencia del sentido del humor, pero lo cierto es que mucha gente carece de él. Y esa carencia, esa minusvalía (porque es una minusvalía, señores: el no-humorismo como primer síntoma palpable de memez congénita), explica una remarcable cantidad de tragedias acontecidas a lo largo de la historia. Me disculparán si me pongo dogmático (y pelín demagógico), pero, ¿No era precisamente la completa falta de sentido del humor y la inexistente capacidad de reírse de uno mismo -y del propio país- una de las piedras fundacionales de los totalitarismos del siglo XX? ¿No dirían ustedes que si algo definía las actividades y soluciones más bien finales del Tercer Reich era que nadie se reía nunca? ¿Ustedes son capaces de imaginarse a Goering, Hitler y Hess tronchándose de risa y palmeándose vigorosamente los muslos en aquella Bürgerbräukeller por algo que no fuera un chistecito racial-genocida? En efecto: si algo comparten todos los Padres de la Patria, salvadores maoístas o sturmtruppers de camisa marrón es la completa ausencia de sentido del humor en su ideario. No hay risa en Stalingrado, en Auschwitz-Birkenau, el golpe de estado franquista de 1936, el Gran Paso Adelante o las pasadas elecciones para el parlamento catalán. Casi todas las cosas históricamente perniciosas para la humanidad (sea la UDI, el partido nacionalsocialista alemán, Isabel Allende o Radiohead) comparten entre ellas la absoluta ausencia del humor, la diversión o la ironía en sus planteamientos.

Humor 4 – Terror 0

Porque, de hecho, el humor es lo contrario del Mal: el humor es el antídoto contra el horror, la ignorancia y la barbarie. Nada desactiva en mayor medida al maligno que la risa en su cara. Porque la risa, señores, tiene poder, y disculpen si me pongo rumbero. El humor es un arma, y por ello tantos literatos y satiristas lo han utilizado en su obra. Asimismo, nada les interesa más a los “serios de la pipa”. Que arrancarle el humorismo a los clásicos: la Alta Literatura se cimenta en gravedad, reverencia y estatuesca circunspección. Para ellos, el humor es una bobada insustancial, una necedad anti-artística, un chascarrillo de taberna: el verdadero arte es trágico, solemne, épico, o simplemente no es. Traten de entenderles: si empezaran a admitir que Shakespeare es esencialmente un escritor humorístico (hay que tomar incluso Hamlet como un todo irónico, grotescamente excesivo) o que Kafka era uno de los mayores autores cómicos del siglo XX, ¿quién sabe qué tendrían que terminar admitiendo? ¿Que el humor es, de hecho, pieza angular de la literatura más importante desde el 1605? No, como argumentaba Casavella, a los “serios de la pipa” les interesaba convertir a Kafka en “una especie de pseudomístico amargado, es decir, en ellos mismos”. El humor no conviene. El humor no interesa. Los grandes escritores no son humorísticos y, en caso de serlo, es esencial lobotomizar su lectura para extirpar cualquier asomo de humor. La visión de la Alta Cultura es una visión franciscana: reír es de lelos, reír deforma las facciones, reír no es santo.

Pero un rápido vistazo a los cúlmenes de la palabra escrita nos demuestra lo contrario: son humorísticos Quevedo, Cervantes, Larra, toda la picaresca, los satíricos ingleses o americanos (Defoe, Swift, Twain…), Lewis Carroll, Wilde… De hecho, si uno excava en los cimientos de la literatura británica, cae en la cuenta de que todos los autores clásicos comparten un poso de ironía y sátira; incluso aquellos que se ha intentado sepultar en el Mausoleo de Autores Severísimos: Samuel Pepys, Horace Walpole, Coleridge, Samuel Butler… Pero admitir esto sería, ya dijimos, fatal. Es por ello que en el canon literario, las obras que hacen reír y divierten son consideradas menores, y los tochos son los Libros de Veras. Es por ello que el Decadencia y caída de Evelyn Waugh se toma como una obra inferior a Retorno a Brideshead, pese a que la primera es una obra maestra de la causticidad y el humor fatalista, y la segunda una plúmbea saga de nobles abufandados “con dudas”. Es por ello que Martin Amis, esa alma en pena encadenada a la búsqueda del reconocimiento académico, no descansó hasta abandonar por completo el humor tierno de El diario de rachel o la risa asilvestrada de Dinero, y no se le consideró un autor importante hasta que empezó a firmar libros que versaban sobre Stalin, el Holocausto, o vaya usted a saber qué nuevo tema aburrido.

Y en nuestro época, tres cuartos de lo mismo. Les reto a citarme cinco autores de los últimos cincuenta años que hayan sido respetados y a la vez realizaran literatura con humorismo (Mendoza es la excepción que confirma la regla). Los escritores más celebrados por la crítica literaria del último medio siglo son los agoreros, los épicos, los fabricantes de dramones y -digámoslo claro- los pesados. Aquellos que hacían semi-reír (García Hortelano, Gómez de la Serna) o tenían intenciones claramente cómicas (Jardiel, Mihura, Tono, De La Iglesia…) serían ninguneados por el canon de la Alta Literatura, y relegados a la condición de fofós sin talento, aptos solo para el chiste, el sinsentido, la bufonada, el teatro popular, pura literatura pulp condenada a retornar a la pulpa que la originó. Y es por ello que insisto en todo esto, tirándome de los cabellos y golpeandome el pecho como una ama de casa puesta de minilips. Estoy tratando de sembrar la alarma, como en las películas de ciencia ficción de los 50’s: para salvarles a todos ustedes, inmolándome a mí mismo ante los invasores si es preciso.

Los tontos que ríen

Los tontos no ríen. Se trata, de hecho, de todo lo contrario: el humor es el más definititorio signo de una inteligencia cristalina, de una clarividencia intensamente humana, de una palpable ausencia de miedo. La risa salta por encima del terror, domeña la angustia, nos eleva, nos blinda y a la vez nos hace cercanos. La risa es uno de los mejores vehículos de la empatía, el humor la más certera manera de efectuar protesta, o comentario político, de transmitir un mensaje profundo, de hacerlo memorable y arrancarle de cuajo la gravedad académica, la corrección política, el nihilismo. A menudo, la única reacción plausible ante la barbarie es la risa: conocida es la anécdota de Kurt Vonnegut emergiendo de un bunker antiaéreo un día de febrero de 1945 y enfrentándose al cósmico terror de Dresden (la ciudad reducida a cascotes por los bombardeos yankis) con lo único que su cuerpo se veía capaz de expulsar: un ataque de risa. A veces, la carcajada es la única contraofensiva imaginable. La mejor novela anti-guerra jamás escrita es Catch-22, que es una tragicomedia; ocasionalmente más tragi que lo otro (Heller poseía un sentido del humor bastante negruzco), pero incluso así fundamentalmente sarcástica y absurda.

No por casualidad, uno de los mayor elogios que, en el Reino Unido y Norteamérica, pueden dedicársele a una novela es “funny”. Cuando un libro es “sad and funny” es que ya ha alcanzado el morrocotudo cénit: triste y divertido, como la vida misma. Aquí no: en nuestro país se pretende que únicamente lo gravoso y lo espeso es la esencia de la vida, que el que se atreve a reír es un oligofrénico que no ha entendido nada de cómo funciona en realidad el mundo, y que el auténtico arte es el que se expone con esa cara de tener a alguien bailando sobre nuestro juanete. Pero ustedes saben que, de nuevo, es exactamente lo contrario: sólo los que sabemos de veras cómo funciona este guiñol patético sabemos también que es casi obligatorio usar el humor en nuestros escritos, y lo hacemos con partisana beligerancia. La risa es nuestro kalashnikov, la seriedad con ínfulas nuestro enemigo.

Esas ínfulas son asimismo las que explican que las generaciones, grupos y tendencias literarias más aburridas, cursilonas y sólo-para-críticos de los últimos veinte años (el “realismo histérico” de Foster Wallace o Rushdie, el posmodernismo en general) sean fenómenos que no admiten el humor en su seno. El humor, de ser usado en sus obras, debería empezar por la auto-ironía, y la auto-ironía haría trizas violentamente los metafóricos ropajes del emperador, ropajes mismamente tejidos a base de cultismos, anti-empatía, cripticismo post-universitario, cinismo y aspiraciones de mística genialidad (con pipa) que comparten sus autores. La sharía anti-humor lleva implantada en nuestro país desde hace mucho tiempo ya, y desafiarla, rebelarse contra ella, es aún para un autor un suicidio crítico ejemplar. Según los marmóreos especialistas de la vieja guardia, los autores que hacen reír son poco más que payasos tirapedos, productores insignificantes de literatura de WC y que, encima, se permiten tener fans que no solo no son otros literatos, sino gente normal como usted, yo y la vecina del quinto (no la mía; es un decir).

Por supuesto, este tipo de nueva (aunque eterna) literatura con humorismo hará lo que siempre ha hecho la literatura viva ante la reacción de la crítica más almidonada: saltarla como si se tratara de una cosa poca, ignorarla como la pieza inútil de una Edad superada y dirigirse, como siempre han hecho las cosas emocionantes de la historia de la creación, a los humanos con pulmones, temblores y carcajadas que no habitan en bibliotecas inexpugnables sitas en torres de marfil. Y buscará hacerles entrega a dichos humanos de ese algo elevado que surge de la culpa y el dolor y la vergüenza hacia uno mismo, y que se construye (no hay otra forma) mediante humor: brutal, explosivo, orgulloso y salvaje, violento humor, como siempre ha sido y será. Y es la realización de esa entrega una alta aspiración; aunque cubra sus humanos miedo y desnudez con sonoras risotadas.